CUENTA CONMIGO
Yo se que es difícil ver brillar el sol
y caminar en la obscuridad
yo siento tu dolor
y no olvides que cuentas conmigo
cuando estemos juntos o estés en soledad.
Si la tristeza te invade
y no tengas otra cosa que hacer
no te olvides que cuentas conmigo
yo estaré a tu lado aunque tu no me puedas ver.
Estaré siempre atento
para cualquier cosa que te pase
si estas triste yo no estoy contento
para si tropiezas estar allí para levantarte.
Estar allí
para siempre escuchar tu llanto, tu risa tu voz
ser tu consuelo para cuando quieras llorar
para que cuentes conmigo
y estar siempre juntos los dos.
Es bueno saber que cuentas con un amigo/a
cuando la gente allá fuera es fría
solo llámame y estaré contigo
para olvidar las cosas vanas y aburridas del día.
La vida a veces Dulce y a veces Amarga, me dice que mañana será Mejor... Vencer los miedos, tener actitud positiva ante cualquier situación... es clave para luchar por tus sueños y concretarlo. Reflexiones para lograr el equilibrio y trascender en la vida.
17/7/08
17/6/08
QUE COMO APRENDI A VIVIR, A QUERER...
QUE COMO APRENDI A VIVIR, A QUERER...
¿Qué cómo aprendí a vivir, y cuándo aprendí a querer?,
¿Qué cómo aprendí a sufrir?, ¿Cuándo?, ¿Cómo?....no lo sé.
Aprendí a mirar las estrellas, alumbrando los sueños con ellas,
A mirar los colores del viento y a sentir el sabor del silencio.
Aprendí a encender ilusiones y a escuchar hablar los corazones,
con palabras calladas, con matices de mil sensaciones.
Cuando un día, el dolor tomó mi mano, conocí de frente a la tristeza,
la pena y el llanto se marcharon, al sentir el amor y su grandeza.
La soledad, querida compañera, la que con tanto miedo rechazaba,
me mostró la paz y la armonía de los momentos que con ella estaba.
Comprendí, el sentido de la vida, viviendo el amor y la desdicha,
sintiendo la alegría y la tristeza, conociendo lo breve de la vida.
Aprendí el valor de la paciencia, a calmar los vientos de mi ira,
a llenar con mares de esperanzalas zonas más oscuras de mi vida.
Es así, que aprendí a vivir.
¿Qué cómo aprendí a vivir, y cuándo aprendí a querer?,
¿Qué cómo aprendí a sufrir?, ¿Cuándo?, ¿Cómo?....no lo sé.
Aprendí a mirar las estrellas, alumbrando los sueños con ellas,
A mirar los colores del viento y a sentir el sabor del silencio.
Aprendí a encender ilusiones y a escuchar hablar los corazones,
con palabras calladas, con matices de mil sensaciones.
Cuando un día, el dolor tomó mi mano, conocí de frente a la tristeza,
la pena y el llanto se marcharon, al sentir el amor y su grandeza.
La soledad, querida compañera, la que con tanto miedo rechazaba,
me mostró la paz y la armonía de los momentos que con ella estaba.
Comprendí, el sentido de la vida, viviendo el amor y la desdicha,
sintiendo la alegría y la tristeza, conociendo lo breve de la vida.
Aprendí el valor de la paciencia, a calmar los vientos de mi ira,
a llenar con mares de esperanzalas zonas más oscuras de mi vida.
Es así, que aprendí a vivir.
6/4/08
RETRATO DE UNA MADRE
RETRATO DE UNA MADRE (*)
Hay una mujer que tiene algo de Dios por la inmensidad de su amor
y mucho de ángel por la incansable solicitud de sus cuidados.
Una mujer que siendo joven tiene la reflexión de una anciana
y en la vejez trabaja con el vigor de la juventud.
Una mujer que si es ignorante descubre los secretos de la vida con más acierto que un sabio
y si es instruida se acomoda a la simplicidad de los niños.
Una mujer que siendo pobre se satisface con la felicidad de los que ama
y siendo rica daría con gusto su tesoro por no sufrir en su corazón la herida de la ingratitud.
Una mujer que siendo vigorosa se estremece con el vagido de un niño
y siendo débil se reviste a veces con la bravura del león.
Una mujer que mientras vive no sabemos estimar porque a su lado todos los dolores se olvidan,
pero después de muerta daríamos tolo lo que somos y todo lo que tenemos por mirarla de nuevo un sólo instante,
por recibir de ella un solo abrazo, por escuchar un solo acento de sus labios.
De esa mujer no me exijáis el nombre si no queréis que empape con lágrimas vuestro álbum
porque ya la vi pasar en mi camino.
Cuando crezcan vuestros hijos leedles esta página y ellos, cubriendo de besos vuestra frente,
os dirán que un humilde viajero, en pago del suntuoso hospedaje recibido,
ha dejado aquí para vosotros y para ellos un boceto del retrato de su Madre
Hay una mujer que tiene algo de Dios por la inmensidad de su amor
y mucho de ángel por la incansable solicitud de sus cuidados.
Una mujer que siendo joven tiene la reflexión de una anciana
y en la vejez trabaja con el vigor de la juventud.
Una mujer que si es ignorante descubre los secretos de la vida con más acierto que un sabio
y si es instruida se acomoda a la simplicidad de los niños.
Una mujer que siendo pobre se satisface con la felicidad de los que ama
y siendo rica daría con gusto su tesoro por no sufrir en su corazón la herida de la ingratitud.
Una mujer que siendo vigorosa se estremece con el vagido de un niño
y siendo débil se reviste a veces con la bravura del león.
Una mujer que mientras vive no sabemos estimar porque a su lado todos los dolores se olvidan,
pero después de muerta daríamos tolo lo que somos y todo lo que tenemos por mirarla de nuevo un sólo instante,
por recibir de ella un solo abrazo, por escuchar un solo acento de sus labios.
De esa mujer no me exijáis el nombre si no queréis que empape con lágrimas vuestro álbum
porque ya la vi pasar en mi camino.
Cuando crezcan vuestros hijos leedles esta página y ellos, cubriendo de besos vuestra frente,
os dirán que un humilde viajero, en pago del suntuoso hospedaje recibido,
ha dejado aquí para vosotros y para ellos un boceto del retrato de su Madre
(*)Monseñor Ramón Ángel Jara Ruz (1852-1917)
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